Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 27, 2009

IV.

El bar

En mi ciudad había un bar como otro cualquiera,
con hombres derrotados, los fijos del lugar,
desde la barra oscura de madera grasienta;
felpudo de plástico negro, un cartel de helados,
lotería de navidad y un ciego a la puerta.

Los hombres vienen cargados de vidas desiertas,
los ojos sedientos de lágrimas amarillas.
Son las tres y veinte y el sol pega en el asfalto,
sobre las fachadas, los tejados de uralita
preparan sus pócimas de veranos sin tregua
y sus estertores de lágrimas de sol negro,
lentamente las aspas del techo echan su aliento
sobre las cabezas sudorosas de la barra.
Ya los hombres traen el polvo que han recogido
para echarlo en el ruido galáctico del hielo
como una pastilla en un vaso bufa y se ahoga.
Van dejando sus penas como quitando pétalos
de rosa, lloran, ríen, se emborrachan y ríen
como a quien le hace gracia un despiste tan absurdo
como perder la vida entre cuatro copas vacías,
un menú-pizarra con faltas de ortografía
y una tragaperras de miserias cotidianas.

Pamplona, 26 de diciembre y los colores en la tarde se vuelven sólidos

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 26, 2009

III.

“Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.
Me dijo: ¿Por qué te vas?”
J.R.J.

Despedida

Se quedaron sus ojos como un puerto
de noche… brillante, oscuro, sin dueño,
desmenuzado en un viento caliente
de hojas muertas… vagamente sonriendo.

Nuestro mundo entero estaba temblando.

Su sonrisa inmantada
como una nube en el otoño oscuro
atrayendo el frío hasta mi costado.

Dejando al suelo robarnos el alma.

Pamplona, 26 de diciembre

Años de inexperiencia: el otro siempre yo

Mira la orilla de sábados grises,
su ridícula fábrica
llora los días perdidos en falso
como casas de arena.

Sé lo que sienten las nubes deshechas
por el soplo del viento.
Sé lo que tardan un año tras otro
en reunir una vida.

Mírame: solo, sin pausa y sin prisa,
rodeado de días,
años que vienen y van como locos
por la casa del otro.

Vivo sin recuerdo mis años ocultos
que ya van diecinueve,
diez en el parto y en llanto estos nueve
que se quedan en otro.

(End. dactílico y hepta.)

Pamplona 25 de diciembre

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 26, 2009

II

Luces distintas: la misma sombra

¿Quién me espera bajo esa Luz enorme
en piélago de lunas insurrectas,
sentado sobre la sombra infecta
de una mano de lívidos tendones?
Mano tendida en la sangre del gozne,
hilo de sangre hasta la boca abierta,
rayo metálico en la fría estepa
dejando un preludio de Luz deforme.
Luz de la forma del ojo ojeroso
como ocaso de cielos temblorosos,
llama azul, diente frío, lenta mecha;
la luz bajo la Luz que crea la sombra
de la muerte anclada a la última hora
del naufragio de mi mundo con fecha.

Pamplona, 23 de diciembre

Tanto que ver

¿Sabéis del pájaro muerto y su madre?
No. No sabéis que la luna está enferma
de sífilis y el sol se ha ido con otra.
Siempre lo sabéis todo.

¿Oísteis el goteo del árbol viejo?
Lloraba de hastío casi sin ganas
como un perro atropellado que mira
a todas partes sin poder moverse.
Si siempre lo oís todo.

¿Vísteis la lluvia empañar el ocaso?
El horizonte de color violáceo
como una quemadura del cielo,
sangre espumosa en cortinas difusas.
Ésto no lo veis nunca.

Pamplona, 23 de diciembre

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 26, 2009

I.

Si no escribiese estos versos…

Si perdiera el ruido de muchedumbre
que se tambalea dentro de mi alma…,
si cerrara con candado mi casa
quemando estos papeles a la lumbre
donde borbotea la suave herrumbre
del cielo gris cayéndome en la espalda
con ruido de lluvia claveteada
en los ojos amarillos de costumbre…;
si esperase el tren este mediodía
robándole la luz a las ventanas,
sin preocuparme por las historias
dejadas como pequeñas hermanas
que vienen pidiéndome la alegría
perdida con la infancia en la memoria…

Tu ropa ya de nadie

Porque sé que conozco la historia de tu ropa,
el cuándo y el dónde, esa mancha que no se borra.
El tiempo pasado, el color y el descolor,
cada pieza el desgaste de tu piel y el olor
como frascos de tu pasar siempre en ajetreo,
que va levantando de su madriguera al recuerdo.
Dejadas hoy sobre la cama en frío desfile
como el río de calabazas ardiendo: hoy triste.

Las Palmas, diciembre

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 18, 2009

y 50. Ocaso febril

Atardecer de ojos verdes

Veo la tarde brumal de hollejos de neblina
con el horizonte alabeado y refractario
ennegreciéndose bajo el ojeroso ocaso,
desplegando el macadán de la noche feral
en coágulos oscuros de tierno meconio
que desbrozan la lenta madeja arrebujada
de la niebla lacada por el último aliento
de la caromomia del sedoso sol naranja.

Y los fantasmas de yeso en las estribaciones
del magro océano que engulle la sulfurosa
espuma que se aferra a la roja orilla diurna
negándose a entregar sus cabellos a la noche.

Y ahora desde mi frío farol encendido
sólo me queda la fisura de la mirada
de aquel espectro en la oscuridad fijo mirándome
con sus pétreos ojos de obsidiana fundiéndose
con mi alma y adentrándose en mis sueños navegantes
por este cénit febril de luces y palabras.

Las Palmas, 18 de diciembre y las conjeturas del atardecer

De la yesca del crepúsculo sólo queda la delgada areola del sol enyuntado por las nubes pesadas y grises. Una débil y sinuosa sutura recorre el lomo de los montes allá en el oeste. Como un retablo fogoso que se cae en el agua desprendiendo un humo espeso, así la tarde entera se va quitando el pellejo convulso, tiritando en las ascuas que sisean a lo lejos.

Las Palmas, 19 de diciembre

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 18, 2009

49. Vivir diferido

Vivir diferido

Para meditar una vida nos hace falta
una vida entera y morir cansados de viejos.
Para que sepa quién eres tienes que morirte
dejándome así lo que tú llenabas vacío.
Para aprenderme mi nombre lo habrán de escribir
en una lápida y que pasen después mil años.

Para vivir una vida hace falta vivirla
de nuevo o arrancarse los ojos para ponerlos
en frente de nuestro fugaz vivir inconsciente.

Las Palmas, 18 de diciembre

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 17, 2009

48. Moonlight in Vermont

Moonlight in Vermont

Un cielo estrangulado, surcado de violines
ribeteados de luz, amarillos y eléctricos,
canta la agónica sinfonía cenital
de las nubes desmoronándose en el ocaso
vertido en los ojos de los gatos vagabundos
que me vieron estrellar la mirada lunática
en la sombra de los sucios árboles nevados
como muebles viejos de una casa abandonada
y cubiertos de sábanas espolvoreadas
agitándose en el viento de trapos de luto.

La nieve tierna de Vermont se posa en las alas
de los pájaros negros que habitan el oscuro
cableado del telégrafo de la llanura
bañada del cristal de luna como una copa
rota esparcida en el traje de noche de Vermont.

Ventanas encendidas como abiertas luciérnagas
que extienden su frío color azul por la niebla
que se esparce entre los rostros ocultos de Vermont.

En la fuente de piedra una gota se congela
con lentos movimientos de herida que se cierra
dejando en su interior a la luna en miniatura,
abrazadas esta noche en la plaza de Vermont.

Hoy me he paseado por las huellas de la nieve
chapoteando en los charcos que deja la luna
enferma y eternamente fría y blanca de Vermont.

Las Palmas, 17 de diciembre escuchando música de otros años más nevados de melancolía

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 17, 2009

47. Nature Boy

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 16, 2009

39, 40, 41, 42, 43, 44, 45 y 46

Hombre oscuro

¿Por qué no puedo ser ese hombre solo,
lleno de bares y sombra en los ojos,
con la mirada lluviosa en cristales
de amarillas lágrimas alcohólicas?

Quiero ser hombre oscuro
para cantar en voz baja canciones
marineras que asusten a los niños
y enfaden a las viejas.

Como el hombre oscuro quiero ser otro.

Puente la Reina, diciembre.

No te comprendo

Tu tímido mirar disimulado
como pone sacarina un diabético,
tu viento frágil de columpios blancos
y tu aire de inmensas mañanas pálidas
me gastan la ironía de hombre viejo,
como aquel niño que deja una limosna
de puntillas mirando hacia su padre
y espera, para ver si lo ha hecho bien,
una sonrisa o un gesto conocido.
Vivo trasparente y deshabitado
en espacios que crecen por instantes,
como el otoño en alta mar no encuentra
un Dorian Grey donde desmoronarse.
No sé si dañar tu ojo con mi llanto
o beberme el invierno hasta verano,
para quemar mi tristeza de octubre,
de bosque joven que tiembla de miedo.
Yo no espero que la tierra me explique
tu alegría de sábanas al viento
y el ruido de ángeles escondiéndose
con la risa nerviosa entre las manos
que va dejando en las cosas tu aliento,
porque ella jamás me dirá quién eres
ni de dónde proviene tu misterio.

6.15 am

Mira.

La luna se ha caído en el agua
y el agua se ha vestido de novia.

Escucha.

El niño ha dejado de llorar
al sorprender llorando a su padre.

¿Ves?

La nieve que queda es como un gato
que duerme debajo de los coches.

Lo siento.

La película se quedó puesta
dejando un cementerio de voces.

Y escribo.

Te he dejado un poema en la mesa
junto al desayuno, que descanses.

Imagen

Un payaso llorando
en una marquesina.

Una lágrima lenta
descorre su pintura.

Una madre se aleja
apartando a los niños.

Y nadie se ha parado
a preguntar por qué
la vida se acuesta
vestida de payaso
sonriendo alegremente
llorando amargamente
camino a algún sitio
y siempre se despierta
junto a la soledad
de los soldados muertos
en país extranjero.
La niebla acariciando
nuestro espejo sincero.

Nadie me engañará,
hoy es lo mismo que ayer,
lentamente más lento.

Pamplona-Las Palmas 15 y 16 de diciembre

Terminal 4

Cuando los aviones aterrizaban
tosiendo los kilómetros de mundo
que nos traen colgando de sus alas
y aquellas señoras de la limpieza
hablaban español
de mil formas graciosas
en busca del idioma del dinero;
esta misma mañana, rodeado
de cinco continentes caminando
juntos por la misma cinta mecánica,
y buscando embobados nuestra ciudad
en la negra pantalla incuestionable
sobre por qué Pamplona y no Los Ángeles,
he sentido al unísono
a la soledad multitudinaria
surcar la T-4. Madrid-Barajas.

Pamplona, 11 de diciembre

La lavadora siempre ha dado vueltas

Va a estallar
en serio, la lavadora va a estallar
el sonido es cada vez más agudo, más veloz
¡que va a estallar! no puedo, no puedo
la señora de la limpieza me mira de reojo,
estoy paralizado entregado a la muerte de la ropa carbonizada,
mis ojos dan vueltas y vueltas
qué terrible,
pero espera, parece… parece que languidece, se apaga
me vuelvo flácido lentamente.
Estaba todo previsto, y yo demasiado alterado.
Tranquilízate, deja que las cosas suenen como siempre,
los sonidos silenciosos de este barrio, la luces amarillas,
los movimientos de soledad de la gente en el autobús,
la vida misma sonando a Navidad, aquel hombre solo,
no te cuestiones todo, no todo es escribible.

Las Palmas, 16 de diciembre tan doméstico

Mundo pequeño

¿Si levantase la vista y me viese escribiendo
en esta habitación tan pequeña y sin ventanas
vería así mi vida desnuda tal cual es?
¿Las cosas objetivas que siempre me acompañan,
los portarretratos que documentan mi vida,
los recuerdos de viajes, mis libros favoritos,
darían el contexto de quién soy y qué hago aquí?

¿Y si fuese aún más alto, a vista de pájaro,
teniendo toda la ciudad bajo la mirada,
los hombres que caminan, los coches y la lluvia,
la fragua de la vida misma incandescente,
tumultuosa como los pensamientos de un loco,
vería qué sentido de engranaje mecánico
tiene mi vida de periódico provinciano?

Aún no me canso, y me voy ahora más alto,
a donde mi país pone su huella sobre el océano,
más, más todavía, y me quedo contemplando
la Tierra tan difusa , marrón y verdi-azul
como encerrada en una bola de navidad
que contiene todas las ilusiones, los sueños
y las lágrimas que han derramado los realistas
que no han sabido relativizar este mundo
con una mirada tan distante y sincera
como para derribar nuestro mundo pequeño
y sin sentido de tristes miserias cotidianas.

Las Palmas, 16 de diciembre y llueve desde el suelo

Postal

Verdes de alegría tristeza y rojo
sobre el soplo azul naranja y brisa
por la tarde gris ocre y almagre
que el otoño viento sol y mares
sobre la blanca luna y nube nunca
había traído tan deprisa sola y suave.

Pamplona, octubre

Posteado por: Jesúsrrivero | Diciembre 4, 2009

38. Memento

Siempre vienes cuando más me lo espero

Todo huele a nuevo en tu vida de turista ingenuo,
“No flashes please” y ríes con el brillo de tus ojos.
Con todos tus recuerdos de infancia en caravanas
repletas de hermanos y sueños en miniatura
nunca te darás cuenta del olor a farmacia
ordenada que vas dejando en mis manos secas,
repletas de poemas inconclusos y vida
a medias entre el miedo a quedar como un idiota
o reírme de mi sombra para que se alegre,
porque ¿cuándo, dime, te habrá importado a ti eso?

Me contabas tu último encuentro con la vida,
despertando ilusión y olor a papel regalo.
Todo es día de Reyes Magos para tus ojos,
y como escaparates de tiendas de belenes
vas sembrando rincones de musgo y papel plata,
caras sonrientes y tu siempre sabor a madre,
la que dejó sus tibias manos sobre tu pelo.

¿Qué me guardas hoy a tu vuelta del mundo nuevo,
de olor a cuadernos de verano sin abrir,
y a la planta de deportes o la de cosméticos,
que es tu alegría la que huele y se derrama en mi aire
de ratón sospechoso por crímenes de guerra?
¿Por qué tu voz tiembla como la caligrafía
que estrena un niño al empezar el curso en septiembre,
cuando escribir no dolía tanto como ahora?
¿Por qué nunca te cansas de mi mirada espesa,
de mi espejo roto para ver lo que tú ves
a cada paso en que saludas sin importarte
el día y la hora en que nació ese y aquel otro?
¿Por qué a mí, que no me merezco ni tu ojos,
ni tu mirada, ni tu espejo rehecho de lágrimas
por las veces que el mundo ha querido condenarse
a una vida de “sabios” mementos de tristeza?
Tú consigues destronarme de este mundo lento.
¿Qué traes que no me resisto a verlo de nuevo?

Pamplona, 3 de diciembre y lalunallenadeluna está.

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