Hombre oscuro
¿Por qué no puedo ser ese hombre solo,
lleno de bares y sombra en los ojos,
con la mirada lluviosa en cristales
de amarillas lágrimas alcohólicas?
Quiero ser hombre oscuro
para cantar en voz baja canciones
marineras que asusten a los niños
y enfaden a las viejas.
Como el hombre oscuro quiero ser otro.
Puente la Reina, diciembre.
No te comprendo
Tu tímido mirar disimulado
como pone sacarina un diabético,
tu viento frágil de columpios blancos
y tu aire de inmensas mañanas pálidas
me gastan la ironía de hombre viejo,
como aquel niño que deja una limosna
de puntillas mirando hacia su padre
y espera, para ver si lo ha hecho bien,
una sonrisa o un gesto conocido.
Vivo trasparente y deshabitado
en espacios que crecen por instantes,
como el otoño en alta mar no encuentra
un Dorian Grey donde desmoronarse.
No sé si dañar tu ojo con mi llanto
o beberme el invierno hasta verano,
para quemar mi tristeza de octubre,
de bosque joven que tiembla de miedo.
Yo no espero que la tierra me explique
tu alegría de sábanas al viento
y el ruido de ángeles escondiéndose
con la risa nerviosa entre las manos
que va dejando en las cosas tu aliento,
porque ella jamás me dirá quién eres
ni de dónde proviene tu misterio.
6.15 am
Mira.
La luna se ha caído en el agua
y el agua se ha vestido de novia.
Escucha.
El niño ha dejado de llorar
al sorprender llorando a su padre.
¿Ves?
La nieve que queda es como un gato
que duerme debajo de los coches.
Lo siento.
La película se quedó puesta
dejando un cementerio de voces.
Y escribo.
Te he dejado un poema en la mesa
junto al desayuno, que descanses.
Imagen
Un payaso llorando
en una marquesina.
Una lágrima lenta
descorre su pintura.
Una madre se aleja
apartando a los niños.
Y nadie se ha parado
a preguntar por qué
la vida se acuesta
vestida de payaso
sonriendo alegremente
llorando amargamente
camino a algún sitio
y siempre se despierta
junto a la soledad
de los soldados muertos
en país extranjero.
La niebla acariciando
nuestro espejo sincero.
Nadie me engañará,
hoy es lo mismo que ayer,
lentamente más lento.
Pamplona-Las Palmas 15 y 16 de diciembre
Terminal 4
Cuando los aviones aterrizaban
tosiendo los kilómetros de mundo
que nos traen colgando de sus alas
y aquellas señoras de la limpieza
hablaban español
de mil formas graciosas
en busca del idioma del dinero;
esta misma mañana, rodeado
de cinco continentes caminando
juntos por la misma cinta mecánica,
y buscando embobados nuestra ciudad
en la negra pantalla incuestionable
sobre por qué Pamplona y no Los Ángeles,
he sentido al unísono
a la soledad multitudinaria
surcar la T-4. Madrid-Barajas.
Pamplona, 11 de diciembre
La lavadora siempre ha dado vueltas
Va a estallar
en serio, la lavadora va a estallar
el sonido es cada vez más agudo, más veloz
¡que va a estallar! no puedo, no puedo
la señora de la limpieza me mira de reojo,
estoy paralizado entregado a la muerte de la ropa carbonizada,
mis ojos dan vueltas y vueltas
qué terrible,
pero espera, parece… parece que languidece, se apaga
me vuelvo flácido lentamente.
Estaba todo previsto, y yo demasiado alterado.
Tranquilízate, deja que las cosas suenen como siempre,
los sonidos silenciosos de este barrio, la luces amarillas,
los movimientos de soledad de la gente en el autobús,
la vida misma sonando a Navidad, aquel hombre solo,
no te cuestiones todo, no todo es escribible.
Las Palmas, 16 de diciembre tan doméstico
Mundo pequeño
¿Si levantase la vista y me viese escribiendo
en esta habitación tan pequeña y sin ventanas
vería así mi vida desnuda tal cual es?
¿Las cosas objetivas que siempre me acompañan,
los portarretratos que documentan mi vida,
los recuerdos de viajes, mis libros favoritos,
darían el contexto de quién soy y qué hago aquí?
¿Y si fuese aún más alto, a vista de pájaro,
teniendo toda la ciudad bajo la mirada,
los hombres que caminan, los coches y la lluvia,
la fragua de la vida misma incandescente,
tumultuosa como los pensamientos de un loco,
vería qué sentido de engranaje mecánico
tiene mi vida de periódico provinciano?
Aún no me canso, y me voy ahora más alto,
a donde mi país pone su huella sobre el océano,
más, más todavía, y me quedo contemplando
la Tierra tan difusa , marrón y verdi-azul
como encerrada en una bola de navidad
que contiene todas las ilusiones, los sueños
y las lágrimas que han derramado los realistas
que no han sabido relativizar este mundo
con una mirada tan distante y sincera
como para derribar nuestro mundo pequeño
y sin sentido de tristes miserias cotidianas.
Las Palmas, 16 de diciembre y llueve desde el suelo
Postal
Verdes de alegría tristeza y rojo
sobre el soplo azul naranja y brisa
por la tarde gris ocre y almagre
que el otoño viento sol y mares
sobre la blanca luna y nube nunca
había traído tan deprisa sola y suave.
Pamplona, octubre